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La mafia en Puerto RicoLa mujer olmo

La monja impura
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La monja impura

Por: Evelyn Cruz Santos / ISBN: 978-9945-581-95-9

Precio: $19.00

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Sor Iluminada del Martirio, atribulada por sus fantasías,  sufre una desventurada vida como monja en una Orden donde el único deber era guardar la pureza y renunciar al placer carnal. Sus años de temor y desventura la llevan a la consumación de uno de los más grandes milagros de la humanidad, para al final descubrir que su vida no fue en vano vivirla.          

“ Silencio que están durmiendo los nardos...”  melodía  de Rafael Hernández  que dialoga en espacio y tiempo con el relato y que sinestésicamente nos acompaña en la lectura de esta novela que alcanza la nostalgia mística. El dolor de la carencia, la aspiración a la respuesta intelectual y la resolución pasionada en el espíritu hacen de La monja impura una historia para las fronteras y desde el margen de la divinidad del amor.
–Dra. Alinaluz Santiago Torres

I

Pocos lo supieron. La noticia de sus aciertos de sanación corrió todo el país. Muchos dudaban de la gran verdad. Otros vivieron el misterioso secreto de su don de inigualable valor. Cuando murió tenía sesenta y tres años. Hacía treinta y cuatro años que pertenecía a la orden de las Carmelitas. Desde que entró al monasterio dejó de llamarse Carlota Álvarez Jiménez. Era hija de Eusebio Álvarez y de Teresa Jiménez. En el convento fue bautizada Sor Iluminada del Martirio y así se le llamó hasta el día en que cerró sus ojos apaciblemente, en su celda, con tan solo un cirio encendido y un endrino rosario entre sus manos pálidas y arrugadas.
Carlota nació pobre. Su padre trabajaba como carpintero en uno de los escasos proyectos del pueblo. La pobreza era su único patrimonio. Sabía sacar cuentas muy bien. Por eso su trabajo de carpintero era muy elogiado. Su esposa Teresa era una noble costurera que ayudaba con los gastos, cosiendo a la medida por muy poco dinero. Querían tener una familia grande pero Teresa sufrió un peligroso evento de placenta previa. Y corrieron con ella en la ambulancia que envió el municipio hasta el Centro Médico del pueblo. Allí le salvaron la vida, pero la criatura murió y Teresa quedó estéril. Solamente tres hijos. Carlota de doce años, Ismael de diez y Claudio de tres años. La rabia se aglutinó en el pecho de Eusebio y nunca más tocó a Teresa, la mujer yerma que no le daba hijos. La miraba con rabia y comenzó a quedarse en el ventorrillo de don Agapito, en búsqueda de la caneca de alcohol, que lograba acrecentar su ira y olvidar su angustia. Teresa seguía cosiendo los pocos trajes que traían sus vecinas y nunca dijo nada. A veces descosía lo cosido una y otra vez, para comenzar puntada por puntada, como si en cada una rezara su desgracia. No le importaba el desamor de Eusebio. Detestaba el fuerte olor a ron barato, la vieja camisilla que se sabía de memoria, por tener noche tras noche la espalda de Eusebio frente a sus desvelos.

Ruth Evelyn Cruz Santos,  nació en Cidra, Puerto Rico, en 1931. Completó su Bachillerato en Educacion y los créditos para su Maestría en Periodismo en la Universidad de Puerto Rico. Trabajó en el Departamento de Educación por espacio de 30 años en el Programa de Español y en la División Editorial. Allí publicó su primer libro Meditaciones de una maestra y escribió cuentos, poemas y reportajes infantiles para la revista Escuela. En el 1986 fue reclutada como editora de la revista El Sol, de la Asociación de Maestros. Ha publicado, además, cerca de 10 libros de literatura infantil y tres libros para adultos. Es libretista de la Compañía de Títeres Cibuco y presentó una obra de teatro infantil en el Centro de Bellas Artes.

 







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